
Centroamérica finalizará el ciclo agrícola 2025-2026 con un déficit histórico en la producción de alimentos esenciales, especialmente maíz, frijol y arroz, profundizando la dependencia regional de las importaciones y aumentando los riesgos para la seguridad alimentaria.
Esto es lo que el estudio más reciente sobre la Asociación de la Cámara Salvadoreña de Pequeños y Medianos Productores Agropecuarios (CAMPO)lo que revela una progresiva disminución de la autosuficiencia agrícola de la región.
Maíz: el mayor déficit regional
El trigo, pilar de la dieta centroamericana, muestra el panorama más crítico. Según CAMPO, Centroamérica registrará un déficit de más de 33,4 millones de quintales al final del ciclo 2025-2026.
En El Salvador, la producción estimada alcanzará apenas los 14 millones de quintales, muy por debajo de los 18,8 millones de quintales necesarios para cubrir la demanda interna. Esto generará un déficit de más de 7,8 millones de quintales, uno de los más altos de la región.
Costa RicaA pesar de mantener un alto consumo per cápita, también enfrenta un importante desfase: la escasez de maíz rondará los 19,6 millones de quintales, lo que reforzará su dependencia del mercado internacional.
“Este resultado muestra un deterioro progresivo de la autosuficiencia agrícola”, afirma Luis Treminio, representante de CAMPO, refiriéndose a la tendencia regional.
Los frijoles, un alimento básico de la dieta mesoamericana, también presentan fuertes disparidades entre países, aunque el saldo regional es finalmente negativo.
El Salvador reporta el mayor déficit absoluto de frijol en Centroamérica, con una brecha de -1.048.724 quintales. Le siguen Costa Rica, con un déficit de más de 777.000 quintales, y Panamá, con más de 108.000 quintales.
Aunque Nicaragua y Honduras mantienen saldos positivos, la producción regional de frijol alcanzará los 12,9 millones de quintales, insuficiente para cubrir la demanda, dejando un déficit global de más de 2 millones de quintales.
“El sistema agroalimentario está lejos de garantizar la demanda mínima de la población”, señala el informe de CAMPO.
Arroz: escasez persistente con pocas excepciones
El arroz tampoco escapa a la crisis estructural. En El Salvador, el déficit superó los 239.000 quintales en 2025, mientras que Centroamérica acumuló un déficit cercano a los 19,88 millones de quintales.
Sólo Panamá registró un superávit relevante, con casi 3,9 millones de quintales, en contraste con Nicaragua y Honduras, que produjeron los déficits más pronunciados, estimados en 5,1 millones y 7,4 millones de quintales, respectivamente.
Los datos recopilados por CAMPO confirman que todos los países centroamericanos mantienen escasez en los alimentos más importantes de su dieta, situación que aumenta la vulnerabilidad a factores externos como el aumento de los precios internacionales, eventos climáticos extremos y estrés en las cadenas de suministro.
El informe advierte también que los déficits productivos no responden a un solo factor, sino a una combinación de condiciones climáticas desfavorables, altos costos de los insumos agrícolas, baja inversión pública y privada en el sector rural y limitaciones estructurales que afectan especialmente a los pequeños y medianos productores. A esto se suma la reducción de las áreas cultivables y la creciente presión del mercado internacional sobre los precios de los granos básicos.
Especialistas del sector agroalimentario coinciden en que este escenario representa un riesgo estratégico para la estabilidad económica y social de Centroamérica, ya que la dependencia de las importaciones expone a los países a fluctuaciones externas que pueden afectar directamente el costo de la canasta básica.
El estudio destaca que, sin cambios estructurales en la política agrícola, inversión productiva y apoyo a los pequeños y medianos productores, la región seguirá profundizando su dependencia alimentaria en los próximos años.




